Sunday, November 27, 2016

The Empty Campus. Education and Miseducation in the Global New Age.


Even to the most passionate advocate of the contemporary age, it appears relatively clear that our society is facing a number of issues, whether they be of an economical, environmental, or political nature. But what if the solution to those problems could be something that precedes them? A common trait that unifies them all? In this work, the author of The Empty Campus, starting from a documented series of cultural premises, depicts an image of society rooted in the ideas of education, real learning, knowledge, and understanding that could serve as an antidote to many of the wrongdoings of our species. The main goal of this essay is to address some of the worst facets of the current situation of learning and the overall cultural situation of our time, pointing to its human and political implications, while offering an analysis of what the author considers to be the unperceived tragedy of our age. The Empty Campus grows from a profound concern for the deepest roots of what makes us civilized beings and the passion for learning and understanding that defines civilization in its opposition to barbarism. The author points out that the absolute barbarian is the one who lives only for himself in some sort of egotistical infinite present, someone who cannot have any cultural frame of reference from the past or any stake in the future because only real knowledge, the depository of values transcending the vulgar and the immediate, is capable of giving roots to a wider perception of human existence and granting a view that is more than the basic needs required for survival: humans are not meant to survive, they are meant to live, and mere survival is not a real life. Access to real knowledge represents, according to the author, access to real life. 

Link: http://www.lulu.com/shop/sergio-caldarella/the-empty-campus/hardcover/product-22962745.html


Wednesday, November 9, 2016

The Irony of American History

History does not always end in tragedy; sometimes it just becomes a mere farce. 

(Dr. Divago)  

Saturday, October 8, 2016

Los Judíos de Sicilia

La saga histórica de los judíos no contiene capítulos sencillos y el de la judería siciliana no es ciertamente una excepción. Mientras las historias de los hebreos de Galitzia, India y Japón han sido estudiadas extensamente, una de los asentamientos más antiguos de la Diáspora ha sido marginado en términos generales. La mayor isla del Mediterráneo ha sido durante milenios uno de las encrucijadas más importantes de la primeras civilizaciones.
La historia contada en la Odisea y en la Ilíada, los mitos fundacionades del espíritu aventurero helénico, ubican ciertas criaturas míticas como el cíclope Polifemos, hijo de Poseidón, en Sicilia. La imaginación popular aún señala dos grandes acantilados en la costa de Catania como las piedras que aquel gigante le lanzó a Odiseo. El estrecho entre la isla y tierra firme reciben el nombre de Esquilo y Caribdis. Desde la antigüedad, los griegos establecieron colonias en Sicilia y se acepta por lo general que los helenos continentales tuvieron un papel fundamental en la civilización occidental al detener el avance de los persas en Europa. También se olvida por lo regular que el ejército de la ciudad Estado de Siracusa, una antigua colonia corintia, peleó contra los cartagineses durante siglos para detener su expansión. Las diferencias son claras: los griegos inventaron la democracia, con todas sus contradicciones, mientras sus enemigos pertenecían a Estados totalitarios. No solo los cartagineses eran así, sino que además practicaban los sacrificios humanos hasta que, tras la derrota, Agatocles, rey de Sicilia, los obligó a firmar un tratado de paz en el que renunciaban a esta práctica horrible. Por ello se puede decir que si los griegos continentales y sicilianos hubieran sido derrotados, una cultura diferente a la helénica habría predominado en la región, y que la influencia judeocristiana en la civilización occidental quizá habría sido distinta. Sicilia, fue, por supuesto, no solo griega. Fenicios, cartagineses y romanos en la antigüedad, y posteriormente los bizantinos, árabes, normandos, suevos (Hohenstuafen), franceses (anjeos) y españoles (aragoneses) también estuvieron en esta tierra como conquistadores.
La historia del primer asentamiento judío en Sicilia es controversial, aunque sabemos que los hebreos sicilianos tuvieron un papel fundamental en esta hasta el infame edicto de expulsión del 31 de marzo de 1492 de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, que echó fuera de esos reinos y de las tierras controladas por estos a los judíos. Hay una documentación extensa sobre el antisemitismo brutal en España, respaldada particularmente por figuras malignas como el gran inquisidor Tomás de Torquemada.
Sin embargo, ese sentimiento no lo compartía el pueblo de Sicilia. El virrey de Sicilia, don Fernando de Acuña, no publicó el decreto, sino dos meses y medio después de su proclamación. Algunas zonas del territorio siciliano, por ejemplo Pantelleria, una islita en el canal de Sicilia, estaba poblada exclusivamente por judíos. El edicto efectivamente acabó con quince siglos de historia judía. Hoy en día, Sicilia contiene más evidencias arqueológica de presencia judía que toda España. Las catacumbas son abundantes en la isla, sobre todo en Siracusa, donde uno fácilmente se puede perder, y se ha probado que son de origen judío.
Al final de las guerras púnicas contra Cartago, los romanos reforzaron el área central mediterránea, por lo que Sicilia fue un punto estratégico para el Imperio. Relativamente en poco tiempo, los romanos arrasaron gran parte del bosque siciliano para transformarlos en el granero de Roma. Esto inició un procesos de desertificación antinatural en la parte central de la isla, que es visible aún en nuestros días. Algunos académicos han señalado que una parte del gran número de judíos capturados y esclavizados por los romanos tras el sitio de Jerusalén por Pompeyo, en el año 63 de la era común, fue a parar a Sicilia. El procónsul Craso vendió 30 mil judíos y no es aventurero afirmar que una parte de ellos fueron a parar a Sicilia, una parte importante del Imperio.
En una famosa monografía de 1957, Cecil Roth –entre otros libros, autor de Una historia de los marranos- nos cueenta que «el primer escritor judío nacido en Europa del que se tiene conocimiento fue Caecillius Calactinus [Cecilio de Caleacte, nacido en Sicilia, y perteneció a la corriente de oratoria llamada aticista]… quien floreció en el primer siglo antes de la era cristiana» y que además era bien conocido fuera de la comunidad intelectual judía. Este es el primer nombre de una larga lista de nombres de académicos, rabinos, poetas, entre otros varios intelectuales sicilianos. Uno de entre muchos fue Samuel Ben Nisim al-Masnut, autor de poesía sinagogal, comentarios midrásicos y un libro sobre Job –Maayán Ganim– reeditado en Berlín en 1899. Samuel ben Nisim nació en Palermo y luego emigró a España, donde normalmente lo llamaban Sikili, es decir El Siciliano, un nombre que encontramos en muchos hebreos en toda la cuenca mediterránea tras la expulsión. Aarón Abulrabbí, quien compiló una defensa del judaísmo, hoy extraviada, e hizo un sesudo comentario sobre Rashí, era nacido en Catania. Abú Aflá, autor de trabajos teosóficos y mágicos, y que estudió con maestros eminentes como Gershon Sholem, era oriundo de Siracusa.
A finales del siglo XV, Anatoli Ben Yosef, un juez rabínico de Alejandría (Egipto) envió una pregunta a los rabinos de Siracusa, y estos la reenviaron a Moshé ben Maimón (Maimónides), que dio su punto de vista en uno de sus Responsa. El trabajo intelectual de los judíos sicilianos se extendió desde la astronomía a las matemáticas y la poesía. Yehuda Shmuel ben Nisim Abul-Farag, de Agrigento, se convirtió al cristianismo con el nombre de Raimundo de Moncada y fue «uno de los hebraístas europeos más eminentes del siglo XV». Tradujo el Corán y enseñó hebreo y cábala a una de las figuras más importantes del Renacimiento italiano: Pico della Mirandola.
El descubrimiento de la guenizá de El Cairo confirmó no solo la existencia de un amplio mercado judío de seda y de libros entre los siglos X y XII, sino también de rutas marinas y terrestres entre Sicilia y Palestina. En el libro cristiano de Hechos (28:12) el autor refiere que Saulo de Tarsos, mejor conocido como Pablo, pasó tres días en Siracusa camino a Roma, pero no menciona una comunidad judía allí. Sin embargo, en otra parada en su viaje habla de un asentamiento hebreo en Pozzouli, donde él pasó siete días. En cualquier caso, el hecho que el autor no haya mencionado nada sobre esa kehilá no implica necesariamente su inexistencia. De hecho, pco menos de cien años después (aproximadamente en el 120), rabí Akiva se detuvo en Siracusa durante uno de sus viajes y reportó la existencia de tres comunidades mínimas. Hoy, en prácticamente todas las grandes ciudades sicilianas hay un sector llamado «La Giudecca», el barrio judío, donde aún es posible conseguir el lugar donde estaban los baños rituales o mikvés. En Siracusa, por ejemplo, el baño ritual de la comunidad está situado debajo de la iglesia de San Filippo, en el centro de La Giudecca.
Los judíos sicilianos tenían nombres especiales para las cosas de la religión. Por ejemplo, Simjat Torá se llamaba «La festa de la Mortilla», la carne kasher era «carne tajura» (quizá derivada del término tahor o puro, en hebreo); y la sinagoga no era el Bet Hakenéset sino «La Meschita» (y en otros casos muschita).
Los judíos dejaron huellas en muchos sicilianos de distintas zonas, desde el lenguaje, la tradición culinaria, la topografía de las ciudades, y en los nombres de la gente. Muchas de estas relaciones tienen que ser estudiadas, para poder entender mejor estas comunidades judías, que vivieron durante más de quince siglos en a la isla, durante lo cual nos dejaron perlas preciosas aún por descubrir.


Sergio Caldarella, Los Judíos de Sicilia, in Revista Maguen-Escudo, Caracas, Venezuela. https://revistamaguenescudo.wordpress.com/los-judios-de-sicilia/

Wednesday, September 14, 2016

Una nota di solidarietà a Sergio Pollina.

  Qualche tempo fa, mi sono imbattuto in un articolo non firmato dal titolo roboante e grammaticalmente incorretto di “SERGIO POLLINA E LE CITAZIONE DEL LIBRO DELLA PROFESSORESSA KING. CHI CITA ONESTAMENTE?” (sic) in cui un gruppo di anonimi apologeti del movimento settario detto dei “Testimoni di Geova” – qualunque cosa possa significare quest’ampollosa quanto ridicola nomea che tali adepti si portano dietro – si lasciava andare ad un miserevole attacco vergato nei confronti di un breve testo del dott. Sergio Pollina dal titolo: “Risposta a Svegliatevi!”, in cui lo studioso analizzava la vicenda storica dei suddetti “testimoni” e del regime nazista, sfatando alcune delle molte falsificazioni in proposito.[1] Il testo che questi “geovisti” (che nomi!) hanno pubblicato contro il saggio storico di Pollina è un trionfo del solito analfabetismo rissoso con cui si ergono ex cathedra asini cui non si dovrebbe dare alcun peso, del resto il blaterare degli asini, anche quando stanno alla tastiera, rimane sempre tale per coloro che sanno ancora distinguere il ragliare dalla voce vera. Premetto di conoscere Sergio Pollina da lungo tempo e, nonostante ci troviamo ormai da tempo su continenti diversi, la mia profonda stima ed amicizia nei suoi confronti rimangono immutate e profonde. Sergio Pollina non è inoltre al corrente di questa mia breve nota sul testo degli anonimi apologeti della setta “geovista” di cui mi assumo ogni responsabilità. La conoscenza di Sergio Pollina e l’amicizia di cui mi onora mi fanno sentire la doverosa necessità di testimoniare pubblicamente che egli è sempre stato un galantuomo dalla profonda dirittura etico-morale, una persona integerrima ed uno studioso infaticabile ed eccellente che non merita di certo le basse e volgari insinuazioni asinine che gli provengono da pseudoarticoli online non firmati come quello riportato nel testo di cui sopra da un gruppo di apologeti di un movimento che può attecchire solo nell’humus d’infantilismo, incultura e della più nera superstizione di menti mediocri e immensamente confuse così comuni nella nostra epoca. Il mondo delle sette è, del resto, uno tra i livelli culturalmente più bassi che si possano immaginare.
   È un antico stratagemma maligno quello di coloro i quali, non avendo nulla da ribattere al ragionamento, attaccano veementemente il ragionatore, tanto per trovare una giustificazione alla loro rabbia e, al tempo stesso, sviare l’attenzione dal tema che egli propone: si ne peut détruire le raisonnement detruit le résonateur. Questa struttura dell’argumentum ad hominem, sempre calunnioso per chi lo riceve ed avvilente per chi lo propone, è ancora peggiore quando viene utilizzata nei confronti di persone la cui dirittura morale ed intellettuale non può di certo venir messa in discussione da un qualunque asinello alla tastiera che, tra l’altro, ignora totalmente anche le regole di citazione più elementari. Questi signori infatti, presi dal loro furore “geovista”, scrivono: “Vedremo come il testo presentato dall'apostata contiene puntini..che omettono parti significative..” (sic). Chiaramente, non essendo costoro avvezzi alla scrittura, ignorano che l’inserimento dei puntini di sospensione in un testo è una regola basilare per presentare qualunque citazione in cui venga omessa una parte del testo ritenuta verbosa o non rilevante per il discorso portato avanti. L’intento di Sergio Pollina non era certamente censorio verso l’articolo riferito, che infatti citava, rendendo così possibile, per chiunque voglia approfondire il tema, di rintracciare il testo originale; come dicevamo, regole di scrittura elementari, nulla di trascendentale né su cui scomporsi come fanno i detrattori del saggio. Nel loro testo sgrammaticato e violento questi signori che hanno vergato questa fetecchia di attacco, capaci di gettare veleni, ma evidentemente incapaci di firmarsi con il loro vero nome, aggiungono poi en passant l’attribuzione di “apostata” ad una persona alla quale, questi boriosi incapaci al servizio della perfidia e della malignità, non potrebbero avere neppure l’onore di lustrare le scarpe dopo una giornata di pioggia.
   Non voglio abusare del tempo altrui nel commentare ulteriormente un testo privo di alcuna dignità, scrivo questa brevissima nota solo in virtù della profonda indignazione che ogni individuo retto da principi propri dovrebbe provare di fronte alla stoltezza ed alla malvagità che imperano e per manifestare la mia solidarietà e stima nei confronti di Sergio Pollina, ingiustamente fatto oggetto degli strali del bieco ragliare di asini incapaci di qualunque decenza, misura o autocensura. Lev Tolstoj ha scritto: «Se le persone corrotte si uniscono fra loro per costituire una forza, le persone oneste devono fare lo stesso». La nostra, epoca di strabiliante incultura favorisce, purtroppo, questo genere di attacchi nei confronti di persone la cui opera dovrebbe, già di per sé, mostrarne il valore e la credibilità. La storia personale e culturale di Sergio Pollina non ha chiaramente bisogno di spiegazioni, né della mia modesta difesa e testimonia, di per sé, il grande coraggio e impegno morale e sociale non comuni del Nostro mentre, dall’altra parte, si devono tollerare i soliti cialtroni senza gloria e senza storia che sputacchiano sentenze in un testo sgrammaticato e senza fondamento battuto, forse, in qualche malaugurato scantinato senza neppure un dizionario in forma abbreviata a portata di mano. Basta effettuare una ricerca in internet per rendersi conto della qualità, impegno ed onestà nell’attività d’informazione e di smascheramento dei movimenti settari compiuta da Sergio Pollina in decenni di studi e ricerche su cui quattro pagliacci senza nome si permettono di sindacare e commentare ex cathedra insipiens. Sergio Pollina potrebbe certo ben starsene in disparte senza bisogno di continuare la sua meritoria opera d’informazione sui movimenti settari, ma questa sarebbe una scelta di comodo e, certamente, un’opzione che confliggerebbe con la dirittura morale di quest’uomo e con il suo senso del rigore e della giustizia. Non esagero per niente quando dico che il vero grande problema del nostro mondo è che non ci sono abbastanza persone del calibro e della qualità morale e intellettuale di Sergio Pollina e di fronte all’ignoranza ed alla cialtroneria senza nome che crede di poter infangare il nome di coloro che hanno a cuore la dignità e la decenza si può solo continuare a rispondere: non praevalebunt!

Sergio Caldarella




[1] Per l’articolo in questione cfr. http://www.freeminds.org/foreign/pollina.htm

Monday, August 29, 2016

Pensare il mare.

Recensione al libro Il Pensiero Meridiano di Franco Cassano.   

Ci sono libri sui quali si giocano interi destini, offrendo il senso di quelle correnti profonde, sovente nascoste, che nutrono il corpo vivo della cultura. Questi sono libri che, almeno in teoria, dovrebbero influenzare il senso e gli orientamenti di una cultura, rendendo visibili sentieri che, pur essendo da sempre dietro quella curva celata dai rovi e dalle ragnatele del tempo, non erano ancora stati esplorati, libri che, una volta pubblicati, dovrebbero mutare gli orientamenti e le categorie della cultura esistente. Quando, nel 1922, Oswald Spengler pubblicava una prefazione definitiva al suo ormai classico Tramonto dell’Occidente, egli riprendeva e correggeva il testo della prefazione precedente aggiungendo: “Nell’introduzione all’edizione del 1918 (...) dicevo di esser convinto che nel libro era contenuta la formulazione di un pensiero irrefutabile, tale da non dover essere più discusso una volta che fosse stato esposto. Avrei piuttosto dovuto dire: una volta che fosse stato capito”. E se, all’epoca di Spengler, o quantomeno all’epoca della prefazione, il pensiero andava soltanto capito, oggi la comprensione di un testo deve battersi in primo luogo contro un marasma di opinioni e paralogismi ad hoc che ormai diseducano le menti degli uomini indirizzandoli verso la sola manipolazione tecnica di cose e fogli di calcolo. Questa è una tra le ragioni per le quali risulta difficile, se non impossibile, l’imporsi di quei pensieri tanto necessari sia alla nostra epoca sia alla sopravvivenza della specie.
Nel 1996, la casa editrice Laterza ha pubblicato la prima edizione de Il pensiero meridiano di Franco Cassano, un libro che, nei vent’anni trascorsi, avrebbe dovuto influenzare radicalmente un pensiero culturale se ve ne fosse ancora uno in grado di emergere dal rumore e dalla confusione creata dallo pseudopensiero veicolato, oggi, dalla cultura ufficiale, da ogni mezzo di comunicazione generalista e dai loro gestori e piccoli esecutori. Difficilmente nel panorama italiano, così avvoltolato sulle proprie speculazioni localistiche, è dato trovare un testo di tale densità teorica come quello presentato da Franco Cassano. Già dal titolo, il volume di Cassano si presenta come un testo il cui valore di riferimento appare geografico-topologico eppure, interpretandone le strutture, si scopre in questo scritto non soltanto una lettura originale e multidisciplinare – una completa anomalia nell’accademia contemporanea – della modernità e dei suoi conflitti, ma anche una nuova chiave di lettura filosofica delle categorie di questo nostro mondo ambiguo e strano. Si sente, soprattutto negli ultimi capitoli, la traccia o il tentativo di un’analisi sociologica ma, sin dai primi paragrafi, si coglie la profondità di una filosofia attenta, capace di trarre intuizioni di significato da ogni spazio del mondo, dal mare alla foresta. Franco Cassano, in questo libro, riprende alcuni tra i temi principali della riflessione filosofica contemporanea intrecciandoli, abilmente, fino a mostrare falle insospettate in quella riflessione che aveva accolto ed ammesso la predominanza di pensieri che presuppongono il riflesso di altre geografie le quali, partendo da larghe pianure e foreste leggono una stabilità nel mondo che il mare, panorama del pensiero meridiano, invece non concede. Hermann Broch scriveva tempo addietro: “Coloro che vivono in riva al mare difficilmente possono formare un unico pensiero di cui il mare non sarebbe parte”. L’intera cultura Greca, una delle due grandi culture di fondazione dell’Occidente, è un grande pensiero con al centro il mare come elemento fisico e come dimensione dello spirito: Θάλαττα! θάλαττα!.
Il pensiero che avviene con lo sguardo diretto alla mutabilità del mare che, nel passaggio verso l’orizzonte, coincide con una fuga che l’occhio sente verso una delle infinità del tramonto, non può correlarsi al pensiero di colui che s’inerpica in una selva o che riposa sotto un cielo pallido e piatto, né coloro che vivono tra queste piatte lande potranno mai tradurre adeguatamente la complessità dei significati di un pensare vivo e intenso sorto tra le rive di mari verdazzurri come l’Egeo o il Mediterraneo. Non che i pensieri non siano traducibili, ma ad orizzonti diversi corrispondono ermeneutiche diverse. Nelle analisi su Heidegger e Carl Schmitt, partendo proprio dalla topologia del suolo germanico e la contrapposizione con l’illuminante centralità del mare, Franco Cassano scrive: “il mare opera uno sfondamento che apre la mente all’idea di partenza, all’esperienza di un’infedeltà che rende incerta ma anche più grande e complessa la fedeltà, che inventa la nostalgia, quel dolore e quel desiderio della patria che la fanno diventare interiore, compagna di viaggio di ogni viaggiatore” (p.16). Il mare contiene una dimensione che trasforma ed amplia il sentire, un’esperienza interiore e trasformativa non riassumibile nella sola esperienza esteriore. Tu vedi l’acqua e dici: “il mare”, ma il mare non è l’acqua che vedi e l’acqua che vedi non è ancora il mare.
In questo libro Franco Cassano presenta un pensiero che si caratterizza come “meridiano” che è, poi, quell’antico pensare che aveva dato luce alla filosofia dei Greci la quale è, pur sempre, una filosofia del mare, sorta tra l’Egeo, l’Adriatico, lo Ionio e il Mediterraneo e le narrazioni, poetiche o filosofiche, che questi hanno ispirato e generato. Sui mari del pensiero che determinano un pensiero del mare, sorgeranno archetipi letterari che incarnano intere filosofie da Abramo ad Ulisse, fino ai personaggi di Joseph Conrad o il tremendo capitano Achab traendo, a piene mani, da quel tipo dell’uomo mediterraneo, il primo uomo del mare, capace di essere, seguendo l’analisi di quello straordinario personaggio che era il marsigliese Gabriel Audisio, “cavaliere del mare” e “re contadino”, uomo tra terra e mare.
Franco Cassano, in virtù di un pensiero che possa dirsi “meridiano”, rivendica il senso dell’ambivalenza, la contrapposizione del continuo movimento-divenire del mare all’ombrosa stabilità delle foreste del Nord e dei monti dell’Est da cui nascono ben altri miti e ben altre filosofie. Cassano mostra, in questo testo, come il pensiero sia anche localizzabile tra le sue geografie, così “orientarsi nel pensiero” (Kant) significa anche trovare quella direzione che determinerà lo sguardo verso una direzione, estraendo dal mondo una filosofia che è anche un riverbero di quell’osservato e, per questo, abbiamo il mare come presenza fondamentale del “pensiero meridiano” per i Greci, ma anche come metafora e riverbero della vita umana, sempre in bilico tra essere e non-essere, tra la stabilità della terra e la natura infinitamente mutevole del mare di quell’uomo che sa di trovarsi sempre in un complesso equilibrio esistenziale tra terra e mare.


(Sergio Caldarella, Pensare il mare. Recensione al libro Il Pensiero Meridiano di Franco Cassano).